La televisión sobrevive

En las próximas elecciones hay un par de cosas que parecen inevitables. Por un lado, la democracia saldrá reforzada por el descenso de la abstención y el voto en en blanco y, por otro, la televisión será el medio con más influencia en el voto. Aunque inicialmente los discursos tertulianos no representen a la sociedad, la sociedad sí hace suyos esos discursos y los reproduce en las calles, en los bares y en las redes.

Además del no nos representan, otro de los grandes lemas del 15 M era aquel televisión manipulación. Un cántico que sonaba muchas veces de fondo mientras en primer plano un periodista narraba lo que, según él, estaba sucediendo. Era una crítica muy dura para los grandes medios que quedaban desacreditados como intermediarios entre la realidad y la ciudadanía.

Mientras la clase política perdía legitimidad, la televisión también perdía su centralidad como medio de comunicación. Twitter era el epicentro de la spanish revolution o de las primaveras árabes. El mundo estaba cambiando y los medios tradicionales iban por detrás de la noticia, llegando sólo a aquellas generaciones que no habían dado el salto digital.

Pero en el último año las cosas cambian radicalmente. Un nuevo partido, Podemos, irrumpe con fuerza a costa de los grandes partidos y sacando a muchos votantes de la abstención, del voto en blanco y del voto minoritario. Es imposible entender este partidos sin las redes sociales, pero también necesitábamos seguir la televisión para estar al tanto de sus ideas. La tele, de nuevo, pasó a marcar la agenda común y las redes volvieron a tomar un papel más secundario.

La diferencia entre la televisión y las redes está en que la primera nos aísla. Vemos la tele y creemos que las posturas que se escenifican son un reflejo de la sociedad. Dándole una silla a Podemos, la legitimidad de la televisión se ha recuperado. Volvemos a creer que el debate entre los tertulianos es representativo. Que un diez por ciento de nuestros paisanos son como Marhuenda y que, otra parte equivalente, piensa como Pablo Iglesias.

En las redes sociales cada persona es un micromedio de comunicación y, por lo tanto, es mucho más representativo que la televisión. Sin embargo vuelven a parecer marginales los debates de Twitter que van más allá de comentar lo que echan los grandes medios.

La televisión sobrevive, vuelve a marcar la agenda, de qué se habla y los extremos del debate. Hay esta posición y ésta otra. Ahí todos nos tenemos que encontrar en una realidad encorsetada y centralizada. Lo demás está, de nuevo, expulsado fuera de las fronteras del sistema y del sentido común.

Al colocar en el centro de la televisión, Podemos ha tenido que basar su estrategia en el personalismo y los lugares comunes de la socialdemocracia. Además han abierto las puertas a otras formaciones, como Ciudadanos, que encajan mejor en este medio.

Detrás de la comunicación también hay ideología. Hay medios más democráticos y medios completamente controlados por los poderes económicos. Además de intentar ganar para luego cambiar las cosas, también hay que seguir cambiando las cosas para lograr ganar.

Que en Ahora Madrid, Manuela Carmena, no haga mítines en la campaña porque no cree en ese tipo de comunicación o que quieran ir más allá de la lucha por los titulares me parecen decisiones inteligentes para centrar el debate en las ideas. Una nueva política necesita también una nueva comunicación.

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