Una cuestión de contextos

 

Son curiosas esas bios de Twitter en las que no somos capaces de encajarnos a nosotros mismos en una identidad unidimensional y terminamos con descripciones como “abogado, padre, marido y del Betis”. Lo cierto es que las personas tenemos diferentes identidades, estructuras de conocimiento e incluso culturas que se activan, se desactivan, se mezclan y reaccionan a los contextos. Por eso es tan difícil y tan artificial reducirse a uno mismo en una sola parte y por eso somos tan sensibles a la privacidad.

Las redes sociales son personas y, por lo tanto, continuos contextos sociales. Nunca hay dos situaciones iguales. Nunca cruzamos dos veces el mismo río como nunca vamos dos veces a la misma fiesta. Y ahí nuestras identidades se convierten en líquidas. Son como el agua (my friend ;)

En realidad para el analista, para el observador de las redes sociales, quizás sea más interesante el movimiento que la propia “realidad congelada”. El sociólogo Bernard Lahire plantea que las ciencias sociales también deben ser contextuales. Es decir, deben crear conceptos y teorías que se adapten al propio contexto social y no pretendan ser necesariamente útiles para otros momentos históricos o situaciones.

Y si hablamos de cambios y de contextos cómo no tener en cuenta que las redes sociales cada día cambian un botón, un menú, una jerarquía del contenido. De forma que el Facebook que nombrábamos hace dos años ya no tiene que ver con el Facebook actual ¿Y los usuarios? ¿Tiene algo que ver el usuario de Twitter de 2010 con el de 2013? Pues no, porque esos contextos ya no extisten y porque el usuario transforma y se transforma.

¿Y podemos hablar de las redes sociales sin hablar de los periódicos y la relación constante entre unos medios y otros? ¿Es posible dividir, por ejemplo, la reputación online de la reputación offline o tiene más sentido mezclarlas todas en una?

Muchas veces nos empecinamos en encajar la realidad en un molde. A veces tenemos la grandísima suerte de encontramos con un molde que, cuando lo pones encima de lo que observas, encaja a la perfección. El error es pensar que, con el paso del tiempo, aquello que se sale de nuestro molde es lo que está mal o es un error, cuando es nuestro molde lo que está desfasado.

Nuevamente lo importante no es el objeto, sino la mirada.

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