¿Por qué me llamo Taburete?

Hace unas semanas cambié mi username en Twitter. Dejé de ser @taburete para utilizar @marcosgpineiro. Aprovechando el relanzamiento de la web de ZEMOS98 y de mi blog Taburete he escrito unas cuantas líneas sobre las identidades digitales y los seudónimos que os pego también aquí.

En esta vorágine además he arrastrado a Noiserfan que cambiará su blog “Sin raíces…” a TrifonAbad.com. Espero que le vaya mejor al unir todas sus ciberidentidades en un dominio único.

En cualquier caso el tema creo que no es anecdótico. El personal branding parece que puede con todo…

Allá por finales de los 90 hago una pequeña pieza de Net.art de cuya url no quiero acordarme que se llama Taburete. Era el nombre perfecto, un verdadero seudónimo con el que ocultaba mi identidad real e incluso negaba la posibilidad de que hubiese una persona detrás. Ni épica, ni magia, ni glamour, para experimentar con la creación en Internet.

Eran otros tiempos. Por entonces nacían proyectos como ZEMOS98 y del Net.art en España se habíanvisto muy pocas cosas. Ahora me viene a la mente un gif animado con una fotografía de una chica desnuda en blanco y negro con mucho ruido sobre la que aparecía intermitentemente una naranja cortada. Dadaísmo en estado puro!

Pasaron los años y llegó el fenómeno blog. Identidades virtuales para jugar a ser alguien y con un espacio propio y gratuito para comunicar cualquier chorrada. No había objetivos, no había personal branding, las categorías crecían como setas y los más pros tuneaban con colores estridentes sus bitácoras. Así aprendimos lo que era CSS.

Después de varias colaboraciones, en 2007 Felipe me invita a tener mi blog en ZEMOS98. Taburete se convierte en un espacio y Marcos G. Piñeiro en blogger. Éste es el gran cambio. Para sorpresa de todos lo virtual se funde con lo real. Ambas esferas dejan de tener sentido (si alguna vez lo tuvieron).

En un excelente artículo Julio Meneses Naranjo explica como la oposición entre lo virtual y lo real que planteaban autoras como Sherry Turkle (La vida en la pantalla, 1997) son contraproducentes para explicar la construcción de la identidad en Internet. Nos creímos la ilusión de lo online de tal manera que a todo lo demás le llamamos offline.

Y ahora llegan las redes sociales y con ellas las identidades de DNI. Ser reconocibles es uno de los objetivos y los seudónimos se convierten en piezas de museo, en cosas raras. Aunque aquí los utilizamos, los usernames anónimos en Twitter o Facebook son identidades en extinción, como un niño llamado Manolo, Hermenegildo o Fulgencio en el nuevo milenio.

Ha pasado algún tiempo. Muy poco, pero el suficiente para que de la paranoia del gran hermano, hayamos pasado a mostrarnos con luces de neón. Ahora que los jefes ven las fotos de facebook y 7 de cada 10 usamos Twitter para fines profesionales da la impresión de que todos, cada vez más, tenemos un palo metido por el culo. Y sí, el networking tiene su punto, pero a veces, echo de menos al Taburete original, su inocencia y sus ganas de jugar con el medio…

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